Pareja y fertilidad

La búsqueda de un hijo es un proceso que hace que como pareja se muevan múltiples emociones en positivo, pero también que en ocasiones sean complejas y retadoras.

Una de las invitaciones desde el espacio terapéutico es a observar y validar las emociones de cada uno de los miembros de la pareja sin emitir ningún juicio, ya que no existe una manera única o una forma correcta de sentir, es válido que se explore una sensación de montaña rusa, momentos de ilusión y otros de desánimo, ganas de vivir el proceso y en otros momentos deseo de abandonarlo, son múltiples las emociones y sensaciones que se pueden transitar y desafiar a la pareja durante la búsqueda de la gestación y más si es mediado por un tratamiento de fertilidad ya que todo esto conlleva a tensión, estrés y resolución de conflictos durante esta vivencia.

Es importante validar esas emociones y sensaciones del otro sin intentar corregirlas, minimizarlas o invalidarlas, para así poder crear un ambiente sano y seguro en la comunicación de pareja, donde se vuelva cada vez más asertiva, cómplice con lealtad y transparencia. Donde cada uno pueda ir expresando como se siente durante el proceso.
Muchas veces la relación comienza a girar solo en este tema alrededor de los tratamientos de fertilidad, a los calendarios médicos, las fechas y los resultados, las citas y la alimentación con propósito de gestación.  Los planes se restringen y la intimidad es atravesada por un calendario, se acaba la espontaneidad y lo divertido y se comienza a vivir queriendo controlarlo todo. Perdiéndose el espacio de disfrute, la intimidad emocional divertida y lujuriosa.

Se hace vital reservar espacios libres de temas de fertilidad, conversaciones controladas y mediadas en pro al tratamiento. Es importante volver al compartir genuino para mantener viva, espontánea y amorosa la relación de pareja y así disminuir la acumulación de estrés y tensión emocional.

Cada miembro de la pareja tiene un ritmo emocional y psicológico. Algunos se centran en la acción y búsqueda de soluciones y otros pueden abrumarse más fácil y así adentrarse en una experiencia ansiosa y desgastante. Comprender que somos diferentes nos invita a buscar ayuda y crear rutas distintas para encontrar el camino en busca del bienestar de cada uno de los miembros de la pareja. El cuidado y el respeto mutuo, con una comunicación asertiva y con empatía, nos ayudaran a llevar el proceso de una manera más tranquila.

No se puede perder de vista, reafirmar el proyecto de pareja a nivel emocional, para que el único camino no sea la paternidad y la maternidad, sino que el amor y la complicidad siga siendo el motor y el pilar más allá de los resultados.

Las decisiones conjuntas ayudan a disminuir las cargas. Incomodarse durante una conversación puede ser un camino saludable para la toma de una sabia decisión y así cada paso y elección se viven en unión.

También es válido los momentos de recarga en soledad, las actividades que a cada uno de los miembros de la pareja le suban su energía y los hacen vibrar alto; no hablo del del silencio motivado por el deseo de proteger al otro y el cual desconecta. Hablo de la elección de lo que a cada uno de manera concertada nos lleve a sentirnos en paz y en felicidad consigo mismo.

Compartir el sentido de soledad, compartir los miedos, creencias, frustraciones, el temor al fracaso o la incertidumbre del futuro favorece la empatía en la relación y pareja. La vulnerabilidad también me hace pareja, pedir ayuda también es fortaleza y por eso el acompañamiento psicológico y emocional es necesario en el proceso, para crear herramientas donde se aprenda a regular y gestionar los momentos difíciles, el estrés, la frustración, la presión social y familiar y las creencias limitantes. Buscar acompañamiento juntos evita una crisis que nos lleve a aislarnos. Los invito durante el proceso a expresarle al otro el valor y el reconocimiento que le tienen, sostenerse en las noticias que no son positivas, no juzgar, escuchar con actitud en calma, sin callar al otro, sostener en la fe y la esperanza sin negar la realidad del proceso, pero viviendo juntos un día a la vez.

El otro es una fuente de amor y apoyo que se fortalece en el espacio terapéutico.                                                                                                        ¡Juntos es mejor!

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